La verdad detrás de ser un católico practicante
Ser católico practicante no es vivir en una nube, ni tener respuestas inmediatas, ni caminar la vida sin dolor. Tampoco es cumplir reglas por inercia o repetir rezos de memoria. Ser católico practicante, al menos en mi experiencia, ha sido aprender a caminar con preguntas, con heridas, con silencios… y aun así decidir confiar. Yo crecí en una familia católica. Estudié toda mi vida en colegios católicos. La fe estaba ahí, como parte del paisaje. Pero no siempre fui una católica practicante. Y creo que eso es más común de lo que nos gusta admitir. Cuando uno crece, la vida empieza a exigir respuestas. En mi caso, una de las preguntas más fuertes tuvo nombre propio: la enfermedad de mi papá. Durante muchos años viví preguntándole a Dios “¿por qué?”. ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué no podíamos tener la dinámica “normal” de un papá que salía a trabajar y regresaba por la tarde-noche? ¿Por qué un papá que no podía moverse con libertad, que no podía comunicarse como quería, que vivía prisionero...